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- Casi todos los clientes desconocen quienes son en realidad, cual es su identidad. Tienden a relacionarla con lo que tienen, lo que consumen, con sus reacciones delante de situaciones concretas.
El Método AdIVE parte del criterio que, para que el cliente se entienda a sí mismo y entienda el por qué hace las cosas que hace, o siente lo que siente, o reacciona como reacciona, se requiere que primero conozca cual es su “composición”, es decir, que tipo de motor vital lo mueve y cual es su configuración.
- Casi todos los clientes tienen dificultades en reconocer sus auténticos valores y cualidades, capacidades, habilidades...
El Método AdIVE parte del criterio que para empezar a trabajar en clave de futuro, se requiere primero concretar los valores y actitudes que el cliente posee, detectar las capacidades y habilidades que se van a necesitar y, confrontar unas y otras para discernir las que se deberán potenciar, modificar o adquirir.
- Casi todos los clientes que solicitan un servicio de relación de apoyo o de ayuda no saben establecer auto-estrategias de actuación eficientes y no saben cómo ponerse en marcha para solucionar sus problemas o conseguir sus objetivos.
El Método AdIVE aporta las estrategias más adecuadas para cada tipo de necesidad. Planifica las estrategias en actuaciones y fases. Y acompaña y ayuda al desarrollo de las acciones.
- Casi todas los clientes desconocen alguna habilidad, ya sea profesional, de relación personal, de imagen personal... que requiere ser aprendida.
El Método AdIVE detecta estas necesidades de aprendizaje y las facilita a través de los profesionales adecuados. |