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Método AdIVE

Siempre he recomendado a mis alumnos que para poder saber lo que siente la persona a la que estamos asesorando es importante haber pasado primero por una asesoría real, sobre algún aspecto que realmente nos importe, sobre el que estemos especialmente sensibilizados.


Además, aunque parezca algo cruel, deberíamos elegir a un asesor con el que no hubiera vínculo ni simpatía alguna. Así podríamos calibrar todavía más nuestras sensaciones, emociones, sentimientos.


Es una buena forma de comprender en profundidad como afectará a nuestro cliente la vergüenza, el esfuerzo psíquico, el esfuerzo físico, la impotencia, el pasar de mano en mano, el pudor... . Y también es una buena forma de analizar cómo la persona asesorada valorará la descortesía, la incompetencia, la ironía, la irresponsabilidad, el incumplimiento de lo pactado...

El Método AdIVE surgió después de haber realizado una investigación de campo y de haber obtenido un planteamiento, a medio camino entre el DAFO y la Delphi, partiendo de las Debilidades, Amenazas, Fortalezas y Oportunidades y estableciendo posibles escenarios.

El resultado es que la persona que solicita una asesoría, en términos de apoyo y/o de ayuda, requiere:

  • un “asesor de cabecera” que le ayude en los planteamientos generales;
  • un “asesor” que le ayude a reconocer los valores que posee y los valores que carece;
  • un “asesor” que le facilite el establecimiento de unas estrategias fáciles, apoyadas sobre los valores que posee;
  • un “asesor” que le entrene en habilidades y capacidades.

La implementación del Método AdIVE en clientes ha logrado éxitos tan destacados como:

  • reposicionamientos laborales, por ejemplo el de una persona de 48 años, al margen de su experiencia y de su titulación académica;
  • cambios de dirección de líderes empresariales como el realizado en un sector económico habituado a la competencia agresiva y descalificadora consiguiendo que se unan sumando intereses;
  • mayores rendimientos escolares, entre los que se puede citar el obtenido por un alumno de ESO que consiguió superar el curso a 3 meses de su finalización;
  • superación de marginaciones sociales, como el de una persona sin ninguna actividad ni amistad, que consiguió integrarse y liderar un grupo de ocio;
  • obtener el reconocimiento de un entorno habituado a desprestigiar y despreciar a los demás, como el caso de una mujer inmigrante que tuvo que salvar no pocos obstáculos hasta conseguir sus objetivos;
  • obtener un buen resultado en una campaña electoral cuando no habían muchas expectativas;
  • dar herramientas a reclusas que iban a terminar su condena en breve y que habían perdido el valor de la imagen, las capacidades de relación social y que tenían una estima bajo mínimos;
  • etc..

Juzgar al otro a menudo es muy fácil. Sentir lo que siente el otro siempre es muy difícil. La comprensión pasa por haber sentido primero, si no, lo que estamos haciendo es realizar una asesoría de superficie.

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